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"James se enfrenta a una jauría de licántropos para salvar la vida de un joven."

RESUMEN

James, tras noquear a Gregorof, se enfrenta a Igpr Malkovo, un mutante licántropo capaz de drenar la energía de la rabia y el odio hacia su propia persona. Finalmente vence al cargar su espada y atravesar al licantropo. Exhausto, los X-Men recogerán al chico para llevarlo junto a Xavier.

TRAMA

Lugar: Un bosque en las afueras de Transilvania. Un chico corre, perseguido por una jauría de lobos sedientos de sangre. La sangre que se vislumbra en sus ojos es tal que el chico solo puede correr y segregar miedo a su vez. De repente, un lobo se yergue en pie, y el chico cae de espaldas ante el poder de las patas delanteras de este ser.

—¡Ayuda!, por favor. Que alguien me ayude — Grita el chico con total desasosiego.


Los lobos se precipitan hacia él, pero, de repente, un silbido surge en medio del clamor de los lobos y uno de ellos, el que estaba dirigiendo a la camada, cae revelando su verdadera forma humanoide.

—Dejad al chico en paz, licántropos. Gregorof no está muerto, pero ya no comerá más esta noche.


Los lobos, enfurecidos por el ataque, se abalanzan sobre la trayectoria de la voz y, de repente, una figura alta de largo pelo negro y con su rostro oculto tras la sombra negra de un gran sombreo negro, dejaba ver unos ojos negros totales, sin iris reconocible. Sus brazos estaban levantados en postura de tirador puesto que su gran escopeta, de doble cañón, estaba apuntando hacia la jauría de lobos que se le acercaba.

Dos disparos salieron de la escopeta de doble cañón del misterioso cazador, pero no eran balas normales si no que refulgían un color rojizo que hicieron que al conectar con un hombre lobo explotase, dejando a su alrededor un cráter de sangre que hizo que los atacantes parasen de repente:

—Es mi mezcla especial, pequeños. Plata con mi pizca especial de poder piro-explosivo ¿Os gusta?


El lobo que estaba en el puesto del caído Gregorof dio una orden en base a un gruñido gutural que salió de su garganta, y todos rodearon al misterioso cazador.

—¿Es qué no vais a aprender nunca? Nunca podréis conmigo, pero, en fin, si queréis probar vuestro insulso poder contra mi gran capacidad para acabar con estúpidos animales sin sentido, ni inteligencia, allá vamos.

—Puede que no tengan inteligencia, James — dice, revelando el nombre del desconocido — pero pueden ser unos perros de presa perfecto para su amo.

Igor Malkovolo Surkakov, antiguo jefe de la guardia del KGB. No te creas que por mi juventud no se de tu reputación.

—Veo que el viejo Helsing te instruyó bien. Pero que sepas que nadie puede ganar a un mutante capaz de drenar la energía de la rabia y el odio hacia su propia persona, absorbiendo así su fuerza y vitalidad.

—Probemos tu fuerza.


James sacó su espada de plata de su espalda y se lanza prematuramente contra Igor, lo que le causó un puñetazo en las costillas que lo derribó a varios metros de distancia. Igor se acercaba rápidamente hacia James, lo que ocasionó que sacase sus dos magnums y se dedicase a disparar a una velocidad realmente vertiginosa:

—Lo siento pero no eres tan fuerte. Tu energía se debilita y Surkakov gana.

—Eso lo veremos, monstruo. Las balas no son lo único que puedo cargar.


La espada que tenía a su derecha empezó a relucir y, cuando Igor saltó hacia James para su golpe final, fue empalado por la espada hasta que quedó tirado en la espesura del bosque.

James había quedado exhausto, por lo que no podía ni tenerse en pie. Desde su derecha salió un aullido de desesperación. Los licántropos habían quedado debilitados por ser expuestos a la absorción de rabia de Surkakov, habiéndose quedado sin fuerzas. Los licántropos volvieron a su forma humana.

El chico que estaba alucinado por lo que acababa de presenciar dio un respingo y corrió hacia James:

—Gracias señor. Ahora iré a por ayuda.

—Tranquilo chico, parece que la ayuda viene a nosotros.


Desde el cielo se vio un gran avión negro en forma de dragón que descendía lentamente. James quedó sin sentido y lo último que oyó fue una voz gruñona y jadeante que decía a otra persona:

—Llevémonos al chico. Seguro que Chuck lo encuentra interesante...

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