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TRAMA

Capítulo 1

En algún lugar, en Europa del este

Las húmedas paredes de piedra eran ligeramente iluminada por la luz cenital. A lo largo del pasillo se encontraban celdas provistas de cierres electrónicos y personas desesperanzadas. Dos jóvenes susurraban a través del pasillo para que el guardia no los escuchara.

-¿Cómo estás? - le preguntó el chico a la chica.

-Merda Radu, cómo quieres que esté?

-Bueno, veo que aún no se te pasa el enojo

-Y yo veo que a ti no se te pasa lo stronzo- espetó la chica- no tendrías que haber intentado sacarme.

-¿Y qué esperabas Fiorella? tenía que intentar sacarte de aquí. Lo haría una y mil veces más.- replicó Radu

-No tienes con qué defenderte, Radu.

-Tampoco tú, tu super oído no nos sacará de esta. Hay que pensar una forma de salir; si ellos no nos matan, mi hermano lo hará cuando se entere.- y continuó- ese malnacido fue quien me recomendó para este trabajo.

Radu hace silencio y la mente de Fiorella la lleva a un momento de su infancia.

“Recuerdo el día que irrumpieron en casa en Venecia. Mamá se encontraba en la cocina mientras Papá, en la mesa, revisaba unos papeles, preocupado.

Llamaron a la puerta, Mamá fue a abrir y fue asesinada ni bien lo hizo. Papá corrió la misma suerte mientras yo corría a la habitación de mi hermano. Antonio, con su pose de tipo duro y la mirada de que siempre tenía la respuesta acertada para todo, aunque no siempre fuese así, se encontraba jugando con unos dados y fumando un cigarrillo cuando la puerta se abrió de golpe. Se asustó al pensar que podría ser papá que había sentido el humo. Pero no, era yo quien corría aterrada hacia a él. Tres individuos entraron detrás de mí.

-Bene bene bene, que tenemos aquí?- preguntó uno de ellos

-Carlo, son solo niños.

-El jefe dio órdenes específicas, Giulio. Toma a los niños.

-¡Ni se te ocurra acercarte, sacco di merda!- les soltó mi hermano mientras me cubría, delante de mi. -Vamos muchacho, no tienes porqué tener esa postura desafiante.

-Tony, ellos mataron a papá y mamá - le dije.

-No niña, sólo están dormidos. No es cierto Angelo?

Uno de ellos asintió con una sonrisa. Estábamos acorralados y mi hermano lo sabía. Tenía en su mano cinco dados, con los que estuvo jugando hasta hacía un rato,tal vez la última vez que lo haría. Preso de la impotencia lanzó uno de los dados que paso entre dos de los adultos. El siguiente rebotó en la cabeza de uno de ellos, lo que provocó las burlas de sus compañeros. Antonio furioso lanzó los tres dados que le restaban con toda su fuerza. Duros como balas salieron disparados atravesando el aire rápidamente y se incrustaron en la pared. Luego de atravesar el pecho, la cabeza y el cuello de quienes nos amenazaban. Tomamos algunas cosas y huímos aterrorizados dejando todo atrás.”


Sibiu, Rumanía

Antonio Cozzetti se encontraba sentado en la terraza de una cafetería, disfrutando de una tarde de verano, en Sibiu, Rumanía.

La Piata Mica era un lugar agradable, a un lado la torre del reloj; al otro, el antiguo gremio de carniceros. Hacía tres días que Antonio, Il Tiratore, había estado buscando pistas en esta ciudad. Llevaba ya mucho tiempo buscando a su hermana, pero hasta hace poco no había dado con algo de verdad.

Había ayudado a liberarse a un mutante esclavo en Turquía, un mutante que decía que durante su encierro antes de ser vendido había conocido a una chica italiana cuya descripción coincidía con su hermana, Fiorella. Por desgracia, el joven mutante no le había podido decir nada más; pero el hombre que lo compró, ese si sabía algo más.

"He de admitir que aguantó más de lo que me esperaba antes de hablar"

Le dio el nombre de la organización que le vendió al mutante, PRISCU, y le dijo que para hablar de los detalles de la venta se había reunido con un tipo aquí, en esta misma cafetería. Por eso se había pasado los últimos días esperando una pista, aquí sentado. Pero hasta ahora no había habido suerte, la zona estaba llena de turistas con la consecuente dificultad que eso conlleva para encontrar pistas.

1280px-Piata Mica Sibiu

La Piata Mica, de Sibiu

Yekaterina, la camarera, se acercó a Tony.

-Buenas tardes, señor Cozzetti ¿le sirvo lo mismo que todos los días?

-Buona sera, bella. Ya te he dicho que me llames Tony, el señor Cozzetti era mi padre. Pero sí, tráeme lo de siempre.

En ese momento, Tony escuchó algo parecido a un zumbido en el centro de la plaza, seguido de un fogonazo a dos metros y medio de altura, donde apareció un portal por donde cayó un hombre embutido en una enorme armadura de avanzada tecnología seguido de otro, envuelto en una armadura de raíces, con una melena verde recogida en una coleta.

-¿Wildwood?...

A pesar de la sorpresa inicial, Tony reaccionó a tiempo de apartar a Yekaterina del camino de la gente que huía de la plaza.

- Escóndete dentro, bella. Esto va a ponerse feo.

Wildwood en ese momento propinaba un potente puñetazo a la cabeza del hombre de la armadura, haciendo que su casco saltase por los aires dejando al descubierto la cara del hombre, que respondía con una patada en el pecho del mutante, lanzándolo varios metros hacia la torre del reloj.

-¡Despejen la zona!- gritó el irlandés de pelo verde.

Il Tiratore consiguió soltar de su brazo a la camarera.

-¡Te he dicho que entres! No quiero que te pase nada.

El hombre de la armadura activó un lanzallamas que tenía acoplado a su brazo y atacó directamente a Wildwood, que intentaba protegerse a sí mismo y a los turistas que estaban intentando esconderse en recovecos a su espalda. El fuego, el gran enemigo de Will.

Tony dejó la zona de la cafetería de un salto, cogiendo una taza vacía que endurecía preparándose a lanzar cuando vio algo que le sorprendió. En el brazo blindado de aquel hombre podía leerse una palabra, PRISCU, con el símbolo encima de una corona. Al fin tenía la pista que necesitaba. Lanzó la taza con una precisión sobrehumana y tal potencia que cuando llegó a la cabeza de su objetivo, estaba en llamas debido a la velocidad.

Durante el segundo que tardó en caer inconsciente, en la mirada del tipo de la armadura sólo se veía sorpresa.

-¿Tony?- Wildwood se acercaba, ya sin su armadura de raíces. El chico irlandés había cambiado mucho desde sus tiempos en la mansión, tenía barba e iba descalzo, algo impensable para aquel chico formal que luchó junto a los Neo X.

- Sí, qué casualidad, ¿verdad?

Se estrecharon la mano con energía y alegría.

-¡Bendita casualidad! Jajajaja

- ¿Quién es el tipo?

Los dos se acercaron al hombre inconsciente y Will comenzó a hablar mientras desmontaba la armadura, estudiando su funcionamiento.

- Era parte del personal de seguridad de una subasta de mutantes esclavos en Budapest, el último que quedaba. Por cierto, ¿dónde estamos?- preguntó Will con curiosidad- Por la arquitectura diría que seguimos en el este de Europa.

- Estamos en Sibiu, Rumanía. Pero vuelve a lo de antes, ¿dices que has desmantelado una subasta de mutantes?

- Si, deben estar todos a salvo. María estaba con ellos esperando a la policía, cuando este tío intentó escaparse por el portal.

-¿Y había alguna chica italiana entre los mutantes?- la voz de Tony mostraba preocupación y esperanza.

-No lo se, pero puedo llamar a María para que me lo diga- dijo Will mientras arrancaba un trozo de mecanismo del brazo de la armadura.

- Hazlo, por favor.

Entonces comenzaron a sonar sirenas de policía y en unos instantes estuvieron rodeados por la policía, que les apuntaba con sus pistolas.

- ¡Entréguense voluntariamente! ¡Están rodeados!

-¿Tendré derecho a una llamada?- preguntó Will con media sonrisa en los labios

- Eehh... Si, claro- contestó el policía.

- Entonces vamos allá.- Will se acercó al policía con las manos preparadas para las esposas- Vamos, Tony. En comisaría llamaré a María.

-¿Y qué pasa con este?- dijo Tony señalando al hombre inconsciente

-Nosotros nos encargaremos- dijo otro policía

-¿Ves? Ellos se encargan. Vamos a comisaría a hablar con estos encantadores agentes.

Capítulo 2

Sibiu, en la comisaría

Tony y Will llevaban ya dos horas en la comisaría, dos horas en las que habían prestado declaración de lo sucedido, junto a algunos testigos. Estos testimonios les habían servido para no ser encerrados inmediatamente pero, por algún motivo, aún no les dejaban irse.

- Perdone, agente. ¿Puedo hacer ya mi llamada?- preguntó Will

- Si, use ese teléfono- respondió el agente, nervioso.

El italiano estaba sentado solo, viendo como al otro lado del pasillo Will hablaba por teléfono con una sonrisa de suficiencia de las que tienen las personas que han entendido un chiste que nadie más comprende.

"Vamos, Will. Dime que la mia búsqueda por fin è finita"-pensó Antonio, impaciente por saber si entre los mutantes que había rescatado el irlandés se encontraba Fiorella.

A lo largo de este tiempo detenidos habían visto como todos los testigos se habían marchado ya. Algo que Il Tiratore había aprendido durante su tiempo como investigador privado era que la policía manejaba los tiempos a su voluntad. Y es que el jefe de policía de Sibiu había dado instrucción a sus hombres de mantenerlos en la comisaría todo el tiempo posible. Obviamente no se lo había ordenado de forma que ni Will ni el propio Tony pudiesen oírlo pero, cuando uno tiene la visión mejorada y se dedica a la investigación, solo es cuestión de tiempo aprender a leer los labios. Solo la complacencia de Will y su voluntad de colaborar habían impedido que les hiciesen esperar aislados.

El jefe de la policía ingresó a la sala en ese momento, dirigiéndose a uno de los subalternos.

-Oficial Danislav, se puede saber dónde está el otro detenido?- preguntó de forma impaciente.

-Señor, en este momento se encuentra realizando su llamada - contestó el agente que le había indicado a Will qué teléfono usar- le permití usar el teléfono de homicidios.

- ¿Y a usted quién le autorizó habilitar el teléfono a estos reclusos?- preguntó con desprecio su superior.

- Señor, yo… yo no estaba al tanto de que…

En ese momento Will acababa de colgar el teléfono y volvía por el pasillo.

-¿Reclusos es un término fuerte en estos casos no? - dijo el irlandés - Solamente estábamos demorados. Tony, coge la chaqueta, nos vamos. - dijo mientras tomaba sus cosas y enfilando hacia la puerta.

Antonio se paró un tanto confundido. Will había sido completamente colaborador todo el tiempo y, ¿de pronto se iba sin decir nada?. Los policías reaccionaron rápido cortándoles el paso, y el jefe de policía les soltó hecho una furia.

-¡¿Dónde se piensan que van?!

- Debería coger el teléfono, jefe- dijo Will. Ni bien terminó su frase, el teléfono móvil del jefe comenzó a sonar.

-¿Cómo sabías que iba a sonar?

- Qué más da- respondió Will- conteste a la llamada, es importante.

El rollizo hombre agarró su teléfono y contestó.

-¿Quién es?... -su rostro se puso pálido- Buenas noches, señor... Si, señor, lo comprendo... Se hará inmediatamente,señor, descuide... Buenas noches.

El jefe de policía colgó el teléfono con su cara poniéndose roja por la ira, pero supo aguantar la compostura ante la cara de diversión de Will.

- Podéis iros.

- Muchas gracias, es usted muy amable- respondió Will con una sonrisa- ¿podría decirnos dónde encontrar al hombre que atrapamos? Tengo algunas preguntas que hacerle.

- Se encuentra hospitalizado, vigilado por mis hombres. Pero no le hará usted ninguna pregunta; en lo que sigue nosotros nos encargaremos de continuar la investigación.

- De acuerdo, si necesitan ayuda, estaremos por aquí a su disposición para lo que necesiten- dijo Will caminando hacia a la puerta.

- No será necesario. De hecho, les recomiendo que dejen la ciudad lo antes posible- sentenció el corpulento jefe de policía.

- ¿Es una orden?- respondió el irlandés sin siquiera mirar atrás

- No, solo un consejo.

- Nos vemos pronto, entonces. Tony, dejemos a estos señores trabajar

- Buona notte, señores- se despidió el italiano con una reverencia burlona a los oficiales.

Una vez fuera de la comisaría, los muchachos comenzaron a caminar para que los guardias de la puerta no pudieran escucharlos. Tony miró de reojo hacia la puerta, el jefe de policía junto a un par de oficiales los miraban desde el umbral. El italiano encendió un cigarrillo y se dirigió a su azaroso compañero.

- ¿Qué ha pasado ahí dentro?, ¿por qué nos han dejado salir así, de repente?

- Últimamente tengo amigos nuevos, de los que mandan- respondió Will.

- ¿Qué pasa con Fiorella? - preguntó el italiano, con las prisas no habían tenido tiempo de hablar de la llamada.

- Tony- dijo Will mientras se detenía- lo siento, María dice que no había ninguna italiana entre los rescatados.

El italiano en el fondo se esperaba esa respuesta. Ya sería demasiada coincidencia, además estaba convencido que su investigación lo había puesto tras la pista correcta.

-Pero no todo está perdido.- continuó Will - Lo mejor es lo que hemos descubierto.

- ¿Que la policía está metida hasta el cuello en esto?- dijo Tony y dió una calada a su cigarrillo.- Porque es lo que más claro me ha quedado en estas dos horas.

- Si, y no solo eso. El hecho de que el matón de la armadura se teleportase aquí, sumado a que el jefe de policía esté tan metido que se niega a que veamos a nuestro testigo, implica que probablemente ya ni siquiera él tenga acceso al matón- Will caminaba en círculos, dándole vueltas al asunto.- Probablemente esta ciudad es el centro de todo este embrollo de PRISCU, pero… me faltan datos. Necesitamos saber qué ha pasado realmente con el imbécil de la armadura.

- En eso puedo ayudar- respondió Tony, apagando el cigarro- Hay una chica.

- ¿Es que todos los italianos sois iguales?- rió Will mientras retomaban la marcha.

Celdas de PRISCU

-Fiorella- susurro Radu sabiendo que la chica lo oiría.

-Te escucho- dijo la chica- como siempre.

Gracias a las habilidades mutantes de la italiana podían comunicarse sin que ninguno de los presentes se diera cuenta. Los oídos de Fiorella le permitían escuchar con exactitud cualquier sonido a un kilómetro de distancia, con el tiempo había aprendido a enfocarse en lo que realmente le interesaba. A su vez, era capaz de transmitir su voz desde cualquier punto en un rango de pocos metros, por lo que Radu tampoco tenía problemas para entenderle.

-Vuelvo a decirte, tenemos que salir de aquí. No puedo dejar de pensar en lo que me has contado.

El lugar donde estaban las celdas estaba acondicionado a prueba de ruidos, por eso es que nadie gritaba. Ya se habían rendido. Días atrás, cuando la puerta se abrió para el cambio de guardias, la chica había escuchado los gritos desesperados de alguien más. Y sospechaba que correrían todos el mismo destino.

-Lo sé Radu, si tan solo tuviéramos alguna oportunidad.

-La hay. Puede que la única. De todas formas nos llevaran allá tarde o temprano. Debemos aprovechar la mínima ventaja que nos da el factor sorpresa.

-En qué estás pensando rumeno?- la italiana se olvidaba de todo cuando le oía hablar así.

-En un rato será la hora de la cena. Tengo un plan. Escuchame.

-Como siempre- le sonrió la chica.

Piata Mica

Aún había algo de revuelo en el lugar tras el incidente que habían protagonizado los muchachos más temprano, pero poco a poco las cosas en Piata Mica volvían a su curso habitual ante la llegada de nuevos turistas. Will se encontraba agachado estudiando la escena de su combate teniendo que ser esquivado por los distraídos transeúntes que observaban la torre del reloj. Mientras tanto Tony a pocos metros de ahí hablaba con Yekaterina.

-¡Vamos, bella! Seguro que puedes darme alguna pista de lo que ha pasado

-Lo siento, Sr. Cozzet… Tony- dijo la chica- cuando la policía se os ha llevado tan solo ha venido un camión con más policías y se han llevado al tipo y la armadura. No sé cómo podría ayudarte eso.

-¿Y no recuerdas nada de esos policías? ¿algo que te llamase la atención? ¿Niente?

- Bueno, es verdad que me pareció extraño que llevasen tatuajes a juego, pero no se,... hoy en día todo el mundo tiene tatuajes. ¡Hasta mi tía de sesenta años se ha hecho un tribal en el culo!

- ¡Mamma mia! intentaré apartar esa imagen de mi mente- decía Tony, al tiempo que sacudía la cabeza- ¡Un momento! ¡¿has dicho tatuajes a juego?!

Tony acababa de caer en la cuenta de un detalle al que no le había dado importancia hasta ahora, el hombre al que había seguido Will también tenía un tatuaje en el cuello, casi imperceptible para los demás por la armadura, pero él sí había podido verlo. Una corona.

- ¿Los tatuajes eran coronas?- preguntó el italiano.

- Sí, ¿cómo lo has sabido?

Antonio se volteó para llamar a su compañero, que en este momento se encontraba pidiendole disculpas a una señora que había tropezado con él. Will vió que Tony le hacía una seña para que se acercara.

- Tony, he descubierto algo.- le dijo el irlandés al llegar.

- Yo también. Los que ha recogido al tipo no eran polis, eran de PRISCU.

- Eso me cuadra- respondió Will- Señorita, ¿podría indicarme la dirección en que se llevaron al hombre inconsciente?

- Si, claro. Fue por allí- la chica señaló hacia una de las salidas de la plaza.

- Lo que me imaginaba. Ni siquiera lo han llevado al hospital. Han salido de la ciudad.

- ¿Cómo lo sabes?- preguntó Tony- ¿Has encontrado algo en la plaza?

- Si, restos de plantas que no son míos, probablemente de un bosque cercano. Tenemos que irnos ya- dijo Will- o podríamos perder el rastro, hay demasiada gente contaminandolo.

- Ciao, bella. Si todo sale bien, mañana volveré a verte.

Will comenzó a caminar, dándole un momento de intimidad a Tony y Yekaterina.

- Ten cuidado, Tony. No hagas ninguna locura- en la voz de la camarera se notaba una preocupación impropia de alguien a quien has conocido hace escasos tres días, e incluso las lágrimas se le saltaron al ver alejarse a ese extraño turista italiano.

Tony alcanzó rápidamente a Will, ya con un cigarrillo en la boca. Habiendo visto la escena, el irlandés preguntó.

-¿De veras volverás mañana?

-Per niente - respondió el italiano guardando su encendedor.

-¿Y por qué le has mentido?- preguntó Will extrañado.

-¿Y por qué habría de decirle la verdad?- dijo Antonio soltando el humo.


Celdas de PRISCU

La puerta del pasillo se abrió para dar paso al guardia que se encargaba de darle la cena a los prisioneros. Los hombres de PRISCU estaban acostumbrados a los reclusos desmoralizados y a muchos de ellos les divertía, no era el caso de este.

-Cosmin, ¿cuánto tiempo me tendrán acá? - preguntó Radu desde su celda.

-Silencio Danislav, tu te metiste solo en este lío. No me arrastres contigo.

-Ya dame la cena de una vez.

-Primero las damas, ya lo sabes- dijo el guardia mientras abría la celda frente a Radu. El guardia entró con varias bandejas apiladas pronto para servirle a las reclusas. Fiorella aprovechando su posición sentada en el suelo estiró su pierna haciendo que el hombre se diera de lleno contra el suelo. Las demás prisioneras se estremecieron por el ruido, acobardadas en sus rincones. El guardia, humillado, se levantó de inmediato y agarrando de las muñecas a la italiana.

-Italiana de mierda, ya verás lo que hacemos con los de tu calaña.

Fiorella no emitió comentario, al menos no directamente. No necesitaba mover sus labios para proyectar su voz.

-Sueltala sacco di merda- oyó el guardia a sus espaldas sobresaltándose.

Soltó a la italiana y giró para enfrentarse a quien le había hablado. Fiorella aprovechó la sorpresa para empujarlo con todas sus fuerzas dando varios pasos hasta dejarlo fuera de la celda. Radu lo esperaba con los brazos a través de los barrotes, tomó al guardia y lo trajo contra sí, dando su cabeza contra el hierro. La italiana dió vuelta al mareado guardia, para dejarlo en buena posición para que Radu lo apretara con su antebrazo haciéndole una llave.

- Lo siento Cosmin.- dijo el muchacho- Apúrate Fio, encuentra la forma de abrir la celda. Fiorella registraba al hombre lo más rápido que podía hasta dar con un manojo de llaves.

- ¿En serio?- se quejó la italiana, mientras se dirigía a la puerta de la celda.

Los prisioneros comenzaron a emocionarse con la posibilidad de escapar, pero no se movían de sus lugares.

- !Vamos Fio! Rápido.- le animó Radu.

El guardia se recuperó del golpe y forcejeaba con el muchacho. El brazo de Radu cedió en uno de los movimientos y Cosmin se liberó, se alejó de la reja y le propinó una patada a Fiorella.

-Hijo de puta!- gritó Radu sacando sus brazos por los barrotes tanto como podía.

El guardia habló por el intercomunicador.

- Envíen un equipo a la celdas de humanos, tenemos una mutante entre ellos.- dijo mientras inmovilizaba a la chica.

Las afueras de Sibiu

La tarde estaba llegando a su fin como evidenciaba la luz naranja de un sol que se escondía, iluminando las copas de los árboles que se mecían con el viento. Se habían detenido frente a un frondoso bosque a las afueras de la ciudad. Tony estaba dispuesto a continuar la marcha, pero Will se frenó en seco y apoyó la mano sobre el tronco de un árbol.

- Vamos Will, si seguimos las huellas del camión podremos encontrar dónde han ido.- dijo el italiano subiendo el cierre de su campera.

- No hace falta- respondió el irlandés mientras dejaba caer una semilla al suelo- el bosque nos enseñará el camino.

La semilla comenzó a crecer hasta convertirse en un tallo enorme, capaz de soportar el peso de los dos mutantes.

- Agárrate, esto va a ser movido.

Tony le hizo caso y se agarró al tallo, mientras will estaba de pie, con los brazos en cruz tocando cada árbol junto al que pasaban.

- Los árboles tienen una especie de memoria primitiva a la que yo soy capaz de acceder- explicaba Will, que tenía los ojos cerrados- Nos moveremos a través del bosque, usando a los árboles como guía.

Antonio apenas entendía que sucedía. En un par de minutos, habían atravesado casi dos kilómetros de bosque, cuando se detuvieron en una zona alta, desde la que se veía un claro, y dentro del claro una base paramilitar clandestina construida alrededor de las ruinas de lo que parecía una vieja torre medieval. Había al menos dos docenas de soldados, unas cuatro armaduras como la del tipo cuya pista seguían, varios camiones y todo-terrenos, un helicóptero y, en la fachada del edificio, el símbolo de la corona pintado.

- Parece que ni siquiera tienen intención de ocultar quiénes son- dijo Wildwood

- Peor para ellos- respondió Il Tiratore.

Capítulo 3

La celda de Radu

El chico rumano estaba nervioso, hacía no más de una hora que los guardias se habían llevado a Fiorella. Una vez más reinaba el silencio en las celdas, Radu ya no escuchaba a la chica a la que había ido a rescatar, la chica que le había susurrado a distancia durante todo este tiempo, la chica de la cual se había enamorado. La había conocido años antes en la universidad, universidad de la que le echaron cuando se descubrió que estaba metido en peleas callejeras ilegales. Su hermano, el Oficial de policía Danislav, le había conseguido un puesto en PRISCU, una organización que prometía grandes ganancias a cambio de seguir órdenes y no hacer muchas preguntas. Claro que era inevitable enterarse de algunas cosas por mas que siguiera las normas.

Sabía lo que le esperaba a Fio al descubrirse que era mutante. O ser vendida o pasar el resto de una vida corta viendo cómo le hacen transfusiones para alimentar al hombre más temible que había visto nunca. Ese había sido el motivo por el cual intentó rescatarla cuando la vió entre los prisioneros que venían de Bucarest. Y, por no desanimarla, había guardado silencio de las posibilidades reales de escapar de allí. Si tan solo pudiese salir de aquí, seguramente habían cambiado los códigos de seguridad, pero conocía la base como la palma de su mano. Solo necesitaría una oportunidad.

-¡¡Fiorella!!- gritó una voz masculina

Radu no entendía nada. La puerta por la que solían entrar los guardias se había abierto de golpe y había entrado un hombre gritando el nombre de su amada.

Las afueras de Sibiu, cerca de la base de PRISCU. Hace unos minutos.

Il Tiratore y Wildwood habían realizado el reconocimiento exterior de la base, buscando un punto débil por el que infiltrarse. Una de las zonas de la valla contaba con menos vigilancia armada, pero era monitoreada por cámaras de seguridad.

- Will, yo rompo las cámaras y tú la valla- dijo el italiano.

- Si nos cargamos las cámaras vendrán directos hacia aquí, creo que podemos hacer algo mejor- respondió Wildwood- ¿Has visto aquello?

Tony miró en la dirección que le indicaba Will y vio un generador enorme, sin duda, la fuente de energía de toda la base.

- ¿Crees que podrías colar esta semilla entre las rejillas de ventilación del generador?- Will sostenía una pequeña semilla de color azulado mientras mostraba una gran sonrisa- esto come electricidad.

- Es un tiro de quaranta metros,... lo que no se es cómo podría fallar.

Il Tiratore lanzó la semilla con una puntería tan asombrosa que entró entre la rejilla de ventilación sin siquiera rozar la chapa.

-¿Has visto eso? Nunca dudes della mia capacità como lanzador- dijo el italiano

- No volveré a hacerlo, descuida.

Will cerró los ojos, concentrándose y la semilla que Tony había metido en el generador comenzó a crecer aprovechando todos los recovecos que pudo hasta que, cuando estuvo suficientemente crecida, destrozó todo el mecanismo interno del generador. Al momento, toda la base se quedó a oscuras, con el consiguiente movimiento de los soldados y guardias. Nuestros héroes habían conseguido un momento de caos, y tenían que aprovecharlo.

- Debemos darnos prisa, si tienen un generador de emergencia, solo tendremos unos pocos segundos- dijo Wildwood al tiempo que corría hacia la base.

Il Tiratore le adelantó y saltó la valla con una acrobacia, mientras que Wildwood hizo crecer y levantarse algunas raíces para formar una escalera que le ayudó a saltarla. El italiano vio sobre su hombro que el irlandés se demoraba. Notaba su silueta dejando caer algunas cosas en el suelo pero la oscuridad le impedía saber exactamente de qué se trataba, después de todo no era un gato.

-Qué haces? - susurro Antonio

-Preveo - respondió Will de igual forma.

Los dos se dirigieron a una puerta lateral de la base que habían visto sin vigilancia desde fuera, no muy lejos del depósito de armaduras. Tony abrió la cerradura sin problema, gracias a su juego de ganzúas, y entró en la base. Will se dispuso a seguirle cuando la luz volvió, dejándolo la vista de varios soldados.

- ¡Dad la alarma!- gritó uno de los soldados- ¡Tenemos un intruso!

Il Tiratore se giró para salir a ayudar a Will, pero el irlandés cerró la puerta al tiempo que decía:

- ¡Te conseguiré tiempo! Encuentra lo que necesites.

Tony se quedó solo en el pasillo mientras comenzaba a escuchar disparos, gritos y una alarma que resonaba por toda la base.

"Quasi non mi conosce y, aún así se juega el pellejo para ayudarme"

Y aprovechando el tiempo que Will ganaba para él, se adentró en la base, recorriendo los pasillos y destruyendo las cámaras de seguridad con que se encontraba.

Fuera, Wildwood se encontraba rodeado por una veintena de soldados que le apuntaban con armas de grueso calibre.

-Quieto mutante! - gritó uno de ellos.

-Señor, señor - dijo Will levantando las manos - creo que tenemos un error aquí.

Los soldados estaban estoicos en su posición, Will comenzó a moverse lentamente hacia uno de los lados.

-He dicho quieto! - repitió el soldado

-Solo me estoy acomodando para ustedes - dijo el irlandés - Veran, donde me encontraba recién muchos de los soldados le apuntaban a la nuca de sus compañeros y no a mi. De hecho hay algunos que aún lo hacen.

El soldado que encabezaba se volteo a observar

-Sorin! Dragos! Un paso a la izquierda. Vasile! Un paso a la derecha.

Los subalternos cumplieron la orden de inmediato. Will sonreía cuando el oficial posó sus ojos en él nuevamente.

-No entiendo cual es el chiste, mutante- espetó el soldado - Estás rodeado, te superamos en número.

-Jajaja Eso es lo gracioso, oficial. - dijo Will - Cuando uno está conectado con la naturaleza, nunca lo superan en número.

La piel de Wildwood se tornó robliza al mismo tiempo que se escuchaba un sonido similar al de un motor, la tierra estaba temblando. Tres troncos nacieron de la tierra, debajo de los soldados reacomodados que salieron despedidos por el aire. Los soldados comenzaron a disparar mientras Will se protegía con barreras de ramas que generaba frente a él. Largas ramas brotaban de los troncos plantados que se movían frenéticamente, se trataba de sauces.

"Perfecto” - pensó el irlandés- “creo que es hora de pasar a la ofensiva"

Introdujo los brazos en la tierra para, un segundo después, verlos surgir violentamente delante de los soldados que se vieron obligados a retroceder quedando al alcance de los árboles. Ese momento de confusión fue suficiente para que Wildwood saliese corriendo, como alma que lleva el diablo, hacia la zona donde había visto las armaduras. Tenía que romperlas antes de que las usasen contra él. Una sola de esas armaduras le habían puesto contra las cuerdas, tres podrían acabar con él.

En el camino, vio que un par de soldados estaban a punto de llegar hasta las armaduras, pero los ató con raíces antes de que fuesen un problema real. La lucha iba bien, quizás incluso saliese vivo de esta.

Mientras tanto, dentro de la base.

Il Tiratore avanzaba por los pasillos a toda velocidad con un único objetivo, la sala de control. Tenía una idea de donde podría encontrarse, siempre estaban en el mismo sitio y no es que lo enorgulleciera, pero anteriormente había entrado a varias empresas. Antes de llegar a la sala oyó a un par de guardias.

- ¡Vamos, Alexei! El intruso de fuera está causando estragos, hay que dar la alarma real.

- ¡Voy! Me estaba atando los cordones de las botas.

Cuando lo guardias, corriendo, pasaron junto al italiano este les golpeó de improviso, haciéndolos tropezar.

La sorpresa les hizo tardar más de lo recomendable en preparar sus armas, tiempo más que suficiente para que Il Tiratore noqueara con un puñetazo a uno de ellos mientras le daba al otro una patada que lo hizo chocar contra la pared y dejándolo desarmado. El italiano agarró por el cuello al guardia que aún estaba consciente y lo zarandeó.

- Dejemos a “Cordones” descansar, te vienes conmigo.

- Estás muerto tío, no tienes ni idea de dónde te has metido.

- Tu zitto! - respondió el italiano mientras empujaba al soldado hacia la sala de controles.

La sala disponía de un gran escritorio con varios monitores que mostraban las cámaras del complejo. No había nadie allí. En la mesa había una taza de café humeante.

- Presto stronzo, muéstrame cómo llegar a las celdas.

- Vale, vale. Están un piso más abajo, siguiendo ese pasillo tienes las escaleras, pero no llegarás. Hay guardias armados ahí abajo.

- Para ser un soldado eres bastante boca floja- dijo Il Tiratore.

- Es que no saldrás de esta de una pieza- dijo el soldado sonriendo.

Antonio logró ver en el reflejo de la pantalla a una figura que estaba detrás de él. Giró bruscamente aferrado al soldado, tomó la taza y la lanzó directamente a hacia el guardia que salía del baño.

- No olvide su café, signior- dijo Tony, y miró al soldado - veamos que tanta gracia te hace ahora.

Un click retumbó en la sala.

- Esto tiene que ser una burla- dijo Tony mientras giraba usando de escudo al soldado- “Cordones”, ¿eres tú? Tuve que haberte pegado más fuerte.

- ¡Quieto italiano! No intentes nada.

- ¡Mátalo Alexei!

- Qué soldado tan comprometido con la causa, no dejas de sorprenderme - dijo Tony mientras deslizaba su mano hacia un bolsillo.

- ¡Hazlo ahora! - gritó el soldado.

El sonido de los disparos llenó el lugar. Cordones había disparado matando a su compañero, mientras Tony había aprovechado la situación para lanzarle una piedra al soldado armado. Se había salvado. Cordones soltó el arma y cayó hacia el lado del escritorio. Su brazo dió de lleno con uno de los botones. Una sirena comenzó a sonar en todo el lugar.

-Merda

En otra parte de la base

Estamos en una habitación blanca, desde la pared surgen tubos de plástico llenos de sangre que acaban en agujas, y en un hombre que está enganchado a esas agujas. El hombre parece dormir, sentado en lo que parece un trono, pero al sonar la alarma y los disparos, abre los ojos.

- Tenemos visita- dijo el hombre- Tendré que darle una bienvenida memorable.

En la sala de control

Antonio sabía que cada sala de control estaba equipada con un baño y un dormitorio para cuando se realizaban guardias. Tomó una gorra de visera de uno de los armarios, con el fin de que les tomara un segundo extra reconocerlo. Solo eso necesitaba.

Bajó las escaleras como le había indicado el soldado hablador, cuando se oyó un fuerte ruido.

"¿Qué stai facendo, Will?"

La explosión había afectado al sistema eléctrico, haciendo que la luz parpadease continuamente, lo que ayudó al italiano a esconderse a tiempo de ver la situación que tenía delante. Tres guardias armados hasta los dientes, con uniformes blindados. La alarma les había hecho tomar precauciones.

Exterior de la base

Will había noqueado o enredado con la ayuda de los sauces a gran parte de los soldados que habían decidido utilizar artillería pesada. Uno de ellos tenía un lanzagranadas y no parecía temer usarlo.

"Estos tíos están locos, espero que Tony no tarde mucho más"

El soldado disparó la primera granada, pero Wildwood transformó su brazo en un bate de béisbol, lanzando la granada hacia el edificio que tembló al estruendo de la explosión. Los disparos prosiguieron, mientras el tipo del lanzagranadas recargaba su arma.

El héroe irlandés comenzaba a notar el cansancio, tenía una herida de bala en el hombro que no podría sanar hasta tener un respiro, aunque no iba a parar; tenía que salir de esta situación. Por suerte, parecía que ya quedaban pocos soldados a los que vencer, pero necesitaba hacerlo lo antes posible o la pérdida de sangre le pasaría factura.

- Lo siento, chicos pero os voy a tener que dejar plantados.

Wildwood estiró sus miembros y comenzó a golpear con furia a los soldados que quedaban, que al caer se veían enredados con raíces que no les permitían moverse, pero entonces, justo cuando parecía que iba a ponerle fin a la pelea, sintió que le quemaban el pecho.

- ¡¡Aahhgg!!- maldijo Will

El irlandés logró ver la fuente de su sufrimiento, los soldados había comenzado a usar lanzallamas con los sauces y su empatía le hizo perder la concentración. Una bala le atravesó el muslo.

-¡Me estáis empezando a molestar de verdad!

A pesar del dolor, Wildwood consiguió noquear a los atacantes de los árboles y terminar de atar a sus oponentes, que forcejeaban inútilmente. El irlandés cayó de rodillas en el suelo, extenuado por el cansancio, cuando oyó a alguien aplaudir.

- ¡Bravo! -dijo una figura masculina desde las sombras- Has conseguido vencer a mis hombres, a ver qué tal lo haces conmigo

- ¿En serio?- respondió Wildwood- ¿no prefieres que lo dejemos para otro día?

De nuevo en el interior de la base

Il Tiratore se adentró en el pasillo donde estaban los tres guardias armados, caminando, con tranquilidad la gorra le tapaba la cara. Cuando los soldados le vieron le apuntaron con sus subfusiles.

- ¡Alto!- dijo uno de ellos- ¿quién eres? ¡Identifícate!

- Me manda el jefe, bajad las armas- respondió el italiano mientras se acercaba, llevándose un cigarro a la boca.

- ¡He dicho que te detengas! ¡nadie me ha avisado de que viniese alguien más!.

- ¡Non seas stronzo! Hay una situación difícil fuera y me han mandado para asegurar la zona- ya estaba más cerca, jugando con el mechero.

Dos de los tres soldados parecieron dudar, pero el tercero insistió.

- ¡Enséñanos el tatuaje o abriremos fuego!

- Claro que sí! Pero primero, alguno tiene fuego? - preguntó Il Tiratore.

- Yo sí tengo - respondió uno de los guardias.

- Perfecto, aquí está el tatuaje- Tony se llevó la mano izquierda al cuello de la camiseta y, cuando los soldados intentaron ver algún tatuaje, el héroe italiano actuó.

Con su mano derecha, lanzó el mechero, que llevaba rato endureciéndose. El mechero primero golpeó la cabeza del soldado más desconfiado y, al rebotar impactó en la cabeza de otro de ellos, esta vez explotando en una pequeña deflagración. Los soldados intentaron reaccionar, pero la deflagración les había cegado, así como los impactos en la cabeza.

Il Tiratore tuvo el tiempo justo para desarmarlos golpeando velozmente en los puntos libres de blindaje que para otro habrían sido difíciles de ver, pero no para el italiano de visión perfecta.

Antes de poder darse cuenta de lo que había ocurrido, los soldados estaban atados con sus propias esposas. Tony, ya con el mechero del soldado, los miraba apuntándoles con uno de sus subfusiles mientras encendía el cigarrillo.

- Vaffanculo, decidme cuál de vosotros tiene las llaves de las celdas- dijo el italiano apoyando el cañón del arma contra la cabeza de uno de los soldados.

- ¡Jamás te diremos nada!- dijo uno de ellos.

Sin embargo, Il Tiratore no necesitaba que le dijesen nada, pues otro de los soldados había mirado, casi imperceptiblemente y sin querer, hacia el bolsillo de uno de sus compañeros. Otra de las ventajas de la visión mejorada del italiano era darse cuenta de esos detalles.

Tony los noqueó con un golpe de culata y agarró las llaves del bolsillo del soldado. Sin demorarse más abrió la puerta.

- ¡¡Fiorella!!- gritó el italiano entrando en la estancia donde había unas treinta celdas.- ¡¿Estás aquí, Fiorella?!

- ¡Se la han llevado hace una hora!- gritó una voz masculina desde una celda del fondo.

Il Tiratore corrió hacia la voz y se encontró con un hombre fornido y magullado, con un tatuaje de una corona en el cuello, encerrado en una celda.

-¡¿Dónde la han llevado?!- preguntó el italiano, abriendo la celda

- Te llevaré. Conozco toda la base.- dijo Radu

- Andiamo, entonces. Te sigo.

Le dejaron las llaves a otro de los presos y salieron corriendo.

- ¡Ven, la sala de transfusiones está en la planta superior!- le dijo el rumano a Il Tiratore

- ¡¿Transfusiones?!- preguntó el italiano- ¡¿qué demonios hacéis aquí?!

Radu corría como alma que lleva el diablo, pero tuvo tiempo de coger una de las armas de sus antiguos compañeros. Cuando llegaron al piso de arriba, se encontraron con un obstáculo inesperado, una de las paredes quedó destrozada al atravesarla un hombre de pelo verde, con una maltrecha armadura de raíces y sangrando abundantemente por el hombro y el muslo.

- ¡¿Will?!- dijo Il Tiratore

- ¡Hey, colega!- respondió Wildwood- Me alegro de verte, ¿me echas una mano?

Radu y Tony miraron al exterior y vieron a un hombre alto, de pelo largo y moreno, con un afeitado perfecto, que llevaba un traje completamente negro a excepción del símbolo de una corona blanca en el pecho y una larga capa también blanca.

- ¡Mierda!- dijo Radu- Estamos perdidos.

- ¿Quién es este tío?- preguntó el italiano.

- ¿Que quién soy?- dijo el imponente hombre- Vinisteis buscando a PRISCU, pues al fin lo has encontrado. Yo soy Priscu.

ANOTACIONESEditar

  1. ^ Esta trama se encuentra temporalmente ubicada dos años y medio antes de El Árbol de la Existencia, por lo que Wildwood está a punto de fundar los EUROCorps (Tierra-617), pero aún no ha firmado

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